La sostenibilidad de las pensiones y el nivel de vida de los pensionistas: un reto social
02 de abril 2025
El sistema de pensiones en España enfrenta un desafío cada vez más apremiante: garantizar su sostenibilidad sin comprometer el nivel de vida de los pensionistas.
La combinación de una población envejecida, un mercado laboral precario y reformas que priorizan la contención del gasto sobre el bienestar social genera una incertidumbre creciente entre los trabajadores de hoy y los jubilados del mañana.
Un sistema tensionado
El envejecimiento de la población es uno de los principales factores que amenazan el equilibrio del sistema de pensiones. Con una tasa de natalidad en mínimos históricos y un aumento progresivo de la esperanza de vida, cada vez hay menos trabajadores cotizando por cada pensionista. Este fenómeno, sumado a un mercado laboral caracterizado por el desempleo juvenil, la temporalidad y los bajos salarios, dificulta la financiación del sistema.
Las reformas implementadas en los últimos años han tratado de paliar esta situación a través de medidas como el retraso de la edad de jubilación y el endurecimiento de los requisitos para acceder a una pensión completa. Sin embargo, estas políticas han generado un impacto negativo en la calidad de vida de los pensionistas y han aumentado la sensación de inseguridad en los trabajadores en activo.
El poder adquisitivo de los pensionistas: ¿qué nivel de vida pueden permitirse?
Más allá de la viabilidad del sistema, es fundamental analizar qué tipo de vida puede llevar un pensionista medio en España. A pesar de las revalorizaciones periódicas de las pensiones, la inflación y el aumento del coste de bienes esenciales como la vivienda, la energía y la alimentación han reducido el poder adquisitivo de los jubilados.
En Canarias, la situación es aún más preocupante. Con una de las pensiones medias más bajas del país y un coste de vida elevado debido a la insularidad y la dependencia del exterior, muchos pensionistas tienen dificultades para cubrir sus necesidades básicas. Esta realidad obliga a miles de personas mayores a recurrir a ayudas sociales o incluso a seguir trabajando más allá de la edad de jubilación para complementar sus ingresos.
Un enfoque social y solidario
Desde una perspectiva sindical, es imprescindible defender un modelo de pensiones justo y equitativo que garantice una vida digna a los jubilados. Esto implica:
– Blindar el poder adquisitivo de las pensiones, asegurando que se revaloricen en función del coste de vida real.
– Reforzar el mercado laboral, promoviendo empleo estable y con salarios dignos para garantizar la financiación del sistema.
– Combatir la brecha de género en las pensiones, ya que las mujeres siguen cobrando prestaciones significativamente inferiores a las de los hombres debido a trayectorias laborales más precarias.
– Explorar nuevas fuentes de financiación, como la fiscalidad progresiva o una mayor contribución de las rentas altas y los beneficios empresariales.
El futuro de las pensiones no es solo una cuestión económica, sino una responsabilidad social. No podemos permitir que los trabajadores que han dedicado su vida al desarrollo del país se enfrenten a la incertidumbre y la precariedad en su vejez. La defensa de unas pensiones dignas es, en última instancia, la defensa de la justicia social y del derecho a un retiro digno tras una vida de esfuerzo y contribución a la sociedad.