RUTH RUBIO Y OCTAVIO SALAZAR REFLEXIONAN EN LA ULL SOBRE UNA REFORMA DE LA CONSTITUCIÓN EN CLAVE FEMINISTA

Ruth Rubio-Octavio Salazar-Constitucionalistas

La Constitución Española de 1978 marcó la hoja de ruta hacia la democracia, jugando un importante papel en superar el orden patriarcal del Franquismo. También ha sido testimonio de los consensos políticos y circunstancias sociales que quedaron casi cinco décadas atrás, cuando aún no se contemplaba alcanzar una igualdad real.

 

Ruth Rubio y Octavio Salazar, catedráticos de Derecho Constitucional por la Universidad de Sevilla y la Universidad de Córdoba, respectivamente, conocen bien cuáles son las limitaciones y retos actuales que ha de superar en la Carta Magna en torno al feminismo. Esta entrega común les llevó a elaborar de manera conjunta la obra El orden de género en la Constitución Española, publicada en 2024, que acaban de presentar en la Universidad de La Laguna en un seminario de investigación titulado «Orden de género y constitucionalismo: propuestas de reconstrucción paritaria», a través de la Cátedra Cultural de Estudios Autonómicos y Constitucionales Gumersindo Trujillo.


Como personas expertas en la materia, proponen una revisión feminista de la Constitución a través de propuestas específicas, abordando el orden de género desde una perspectiva paritaria. Por ello, defienden que se aplique en la norma suprema española el lenguaje inclusivo, además de que se recojan cuestiones tales como la violencia de género, los cuidados como parte esencial del sistema social, económico y político, el matrimonio igualitario o la diversidad, entre otras.

 

Ruth Rubio, con anterioridad profesora en otras instituciones académicas como la Universidad de Nueva York, Princeton o el Instituto Universitario Europeo de Florencia, considera que tenemos leyes “que han ido abriendo el camino y una jurisprudencia constitucional que, en general, no nos ha frenado demasiado, aun quedando a expensas de que haya algunas interpretaciones voluntaristas”. 

 

La catedrática plantea que, al incorporar materias como las antes mencionadas, se puede “mandar un mensaje muy claro que permitiría que la Constitución se usara mucho más proactivamente, sobre todo, en los tiempos presentes de regresión, para anclar y salvaguardarlas de ser tan politizadas”. También señala que algunas fuerzas políticas están cuestionando avances legislativos mientras ya existen reformas regresivas en otros países que están tumbando las conquistas jurídicas en derechos LGTBI o reproductivos, por ejemplo.

 

Octavio Salazar, miembro de la Red Feminista de Derecho Constitucional y del Comité de Expertos del Instituto Europeo de Igualdad de Género, describe el texto español como excesivamente rígido en cuanto a sus posibilidades de reforma, como sucedía con otras constituciones surgidas tras la Segunda Guerra Mundial. En sus palabras, esta condición somete a la sociedad española a una situación “paradójica” en el presente: “Por un lado, tenemos que ser conscientes de que el texto ya ha dado de sí todo lo que podía dar en muchos temas. Por otro, vivimos en un contexto político donde la reforma es prácticamente imposible, pues no se darían las mayorías necesarias y el procedimiento que habría que seguir para tratar temas relacionados con el derecho o incluso la Corona parecen de ciencia ficción”. Aún así, insiste en la necesidad de “tener estos temas bien atados en la Constitución para no quedar a expensas de la voluntad de las fuerzas mayoritarias de turno”, dado el contexto político regresivo internacional. 

 

Democracia y educación paritarias

 

Tanto Rubio como Salazar defienden un cambio de enfoque estructural en la Constitución Española que va de la igualdad a la paridad. “El proyecto del constitucionalismo liberal nace sobre la base de que la sociedad y, por lo tanto, el Estado se articula en torno al eje de la familia heterosexual reproductiva, que marca los confines dentro de los cuales las mujeres tenemos que desarrollarnos y definirnos como ciudadanas”, explica Rubio. 

 

Desde esta visión, proponen una ruptura central de los roles y expectativas de género, así como la estructura de género del Estado para “imaginar un nuevo ser que concilie todas las capacidades y necesidades humanas, y que crea, por lo tanto, una sociedad donde el cuidado y la vida están en el centro de la organización social, política y económica, sin división entre el espacio público y el privado, desde la interseccionalidad”, argumenta la catedrática. 


Desde su mirada experta, lo plantean como una superación de la diferenciación entre hombres y mujeres por la que se consideran iguales ante la ley pero que genera división a través de la subordinación de la mujer, cambiando incluso la forma en la que se relacionan. “Se trata de desmontar un orden político y cultural muy asentado, lo que está ligado al valor o reconocimiento económico, por ello sería una transformación radical, de raíz, que va más allá de la visión simplista de la igualdad de representación en las instituciones”, concluye Salazar.  

 

Esta nueva perspectiva ética también serviría para superar la crisis de valores actual, un vacío en donde se está colando “un movimiento neoconservador ultraliberal desde un punto de vista tecnológico y económico, incluyendo facciones fundamentalistas religiosas de distintos credos a quienes le hemos entregado términos como la familia y la nación, algo que enganchan de forma muy visceral con los valores”, expone el especialista. 

 

Los constitucionalistas presentan el feminismo no solo como un proyecto de contenido, sino metodológico en la educación universitaria, que la “paridad no esté solo en las cátedras o decanatos, sino que el género esté presente de manera transversal en todas las asignaturas, además del derecho, modificando hasta la forma en la que se daría clases, la propia arquitectura de los espacios, para hacerlos horizontales y flexibles”, concreta Rubio. Cita el ejemplo de que, a la hora de dictar sentencia, una jueza tiende a contextualizar mucho más y tener en cuenta la interrelación humana que hay en una situación jurídica y que esto debe trasladarse al aula. 

 

Salazar cierra la conversación aclarando que el feminismo no propone solo una agenda de derechos de las mujeres, incluso de otras minorías en la intersección; aporta “otra forma de entender la vida y de organizar toda la sociedad, no una lucha sectorial de mis derechos, reinventado así el juego”. En este punto, enfrentan otro reto actual en la transmisión del mensaje a la juventud, principalmente a los hombres jóvenes, para que lo perciban como un cambio positivo también para ellos, que beneficia a toda la ciudadanía.