Un terremoto no se puede predecir, pero estudiar el riesgo sísmico previene daños

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04 de abril 2025/Agencias
Birmania sufrió hace una semana un terremoto que ha dejado más de 3.000 muertos en una zona con un histórico importante de temblores de gran magnitud. Aunque los seísmos no se pueden predecir, hay zonas con mayor riesgo y los expertos apelan a utilizar esa información para prepararse y prevenir daños.

Así lo asegura a EFE el director de la Red Sísmica Nacional, Juan Vicente Cantavella, que recuerda que «no hay un método actualmente por el cual se puedan predecir los terremotos».

«Lo que sí que podemos hacer es, en términos probabilistas, decir cuáles son las probabilidades de que en un determinado lugar y para un intervalo de tiempo determinado se supere cierto nivel de movimiento. Y eso tiene mucha utilidad», destaca.

Un terremoto es una liberación brusca de energía que ocurre en zonas de discontinuidad llamadas fallas tectónicas, donde se produce un deslizamiento entre las placas, y que viaja en forma de ondas sísmicas hasta la superficie.

Si sabemos la probabilidad que hay de que un seísmo de cierta magnitud ocurra en un lugar en un período de tiempo concreto, «podemos establecer un nivel de riesgo que queremos asumir y construir todas las edificaciones, todas las casas, pensando que deben resistir ese nivel de movimiento», señala el experto.

Por ejemplo, se pueden realizar mapas de peligrosidad para medir, en un período de 50 años, la aceleración máxima con la que vibra el suelo que se va a producir con una probabilidad del 90 %, y así construir en función de ese riesgo sísmico concreto.

También hay que tener en cuenta el nivel de riesgo que se quiere asumir: «Si vamos a construir una central nuclear, el nivel de riesgo queremos que sea mucho menor. Entonces iremos a otro mapa que nos dé la probabilidad, por ejemplo, de un 98 % de que no se exceda una aceleración determinada y construiremos respecto a esa aceleración».

Esas probabilidades no permiten saber si un terremoto va a ocurrir dentro de un mes o en 20 años, aunque hay zonas más propensas a los temblores debido a la propia tectónica de placas.

Zonas de elevada sismicidad
Un seísmo puede darse en cualquier lugar, pero son más habituales en los bordes de las placas, donde se producen los movimientos de unos bloques respecto a otros.

Es el caso de Birmania, que está localizada encima de la falla de Sagaing, una fractura en el terreno de más de 1.200 kilómetros que atraviesa el país de norte a sur entre las placas India y Euroasiática y que ha sufrido seis terremotos con magnitud igual o superior a 7 en los últimos 125 años.

«La magnitud es un parámetro que utilizamos los que estudiamos los terremotos para medir su tamaño. Atiende a cómo de grande es la falla donde se produce la ruptura del terreno y cuál es el deslizamiento de un bloque respecto al otro», explica Cantavella.

Es uno de los factores, junto a la distancia del foco y al tipo de suelo, que determinan el nivel de devastación de un seísmo, además de las construcciones del lugar afectado: «Si estamos en un desierto y sentimos un terremoto, lo más que puede pasar es que nos caigamos. No se producirían daños. En realidad se producen daños en los sitios donde hay construcciones».

Además de la magnitud, los sismólogos trabajan con el concepto de intensidad, que mide cómo es el movimiento del suelo en cada uno de los lugares afectados, por lo que «un mismo terremoto tiene distintas intensidades dependiendo de dónde la miramos».

En el caso de Birmania, la magnitud es única (7,7), pero la intensidad fue diferente en Mandalay y en Bangkok, donde también se sintió.

Los servicios como la Red Sísmica Nacional española utilizan los sismómetros para medir los temblores, unos aparatos localizados en el suelo que registran la velocidad a la que vibra.

Los entre 300 y 400 sismómetros que tiene España detectan los diferentes tipos de ondas sísmicas que llegan y esa información permite localizar el hipocentro -el foco en el interior de la Tierra donde se libera la energía, que se proyecta en la superficie terrestre en el llamado epicentro- y la magnitud.

Qué hacer ante un terremoto
Cuando el temblor se siente en la superficie, lo adecuado es refugiarse bajo una mesa o una cama si estamos dentro de un edificio o alejarse de las construcciones si estamos en el exterior, aconseja el director de la Red Sísmica.

En zonas costeras también hay que tener en cuenta el riesgo de tsunami y, una vez haya pasado el seísmo, alejarse hacia una zona que esté a 15 o 20 metros de altura sobre el nivel del mar.

Pero también es fundamental la prevención antes de que ocurra el terremoto, con un plan para que la familia sepa cómo actuar en determinadas situaciones, por ejemplo si ocurre durante la noche o cuando los niños están en el colegio.

Y, una vez más, sacar partido al cálculo de probabilidades y riesgos sísmicos.

«Es importante conocer cuáles son las zonas del planeta y de nuestro país donde la peligrosidad sísmica es mayor (…) Además, estos mapas de peligrosidad sísmica, es obligatorio que sean considerados a la hora de construir. Debemos saber si en la casa donde vivimos se ha contemplado esa normativa», concluye el experto.